miércoles, 22 de junio de 2016

Quintina

Hace ya siete años que murió Quintín Cabrera, y hoy, revisando algunos textos, me he encontrado con la quintina (variante ad hoc de la sextina) que le dediqué en su día a mi queridísimo amigo y camarada.










QUINTINA

A Quintín Cabrera.
In memoriam. In amorem. In bellum.
  
Te has marchado, sin irte, con la tarde,
igual que una canción que alguien nos canta
al oído del alma y que el silencio
ya no puede borrar del aire herido:
te has marchado, Quintín, como la rosa.

Has dejado la espina de la rosa
que era tu corazón grande y herido,
clavada en otro corazón que canta
mientras se vuelve oscuridad la tarde
que ha vestido de luto tu silencio.

Qué estruendoso, Quintín, este silencio
que resuena en el túnel de la tarde
por el que avanza tu cortejo herido
por la espina infinita de una rosa
que ya no cantará, que ya no canta.

¿Que ya no canta he dicho? Sí que canta
tu rosa roja, nuestra roja rosa,
y aunque arrecie la noche, aún no es tarde
para sembrar la orilla del silencio
con las pavesas de tu canto herido.

Nunca vencido y mil veces herido,
descanse en el regazo del silencio
el defensor del pan y de la rosa,
cantor que lucha y luchador que canta;
descanse en paz en brazos de la tarde.

En brazos de la tarde que le canta
su nana de silencio al malherido
corazón de la rosa.

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